Urge desterrar el fraude
Por: Hugo Sabogal


Anualmente, los emisores de tarjetas de débito y crédito pierden unos US$300 millones

Pocas personas, como Enrique de la Rosa, presidente ejecutivo de Redebán Multicolor, están calificadas para hablar del fraude y clonación de tarjetas, quizás uno de los delitos más preocupantes y extendidos contra el sistema financiero y los usuarios de la banca organizada. Y en tiempos de Navidad el fenómeno se dispara. De los US$5.000 millones de ingresos registrados por los operadores anualmente, un 6% se esfuma por culpa de los ladrones electrónicos. “Es una suma monstruosa”, dice De la Rosa. “Hay que actuar pronto para frenar el asalto”, afirma.

Lo cierto es que la situación puede acentuarse en el próximo año y medio, antes de que la banca colombiana adopte la tecnología de microprocesadores insertados en los plásticos, considerada la práctica más segura para emisores y usuarios. Mientras tanto, los delincuentes afilarán sus dientes, pues Colombia, en estos momentos, es uno de los países más vulnerables por permanecer todavía con el sistema de bandas magnéticas. “Con el ingreso de México y Brasil al mundo del microprocesador, los transgresores están disparando sus salvas contra aquellos países que aún no se han blindado”.

En Colombia existen, actualmente, 20 millones de plásticos, divididos en dos grandes categorías: las tarjetas débito, que alcanzan 15 millones, y las de crédito, que suman cinco millones de unidades.

En el país, el mayor operador es Redebán Multicolor, con cerca del 60% del mercado y más de 350 millones de transacciones anuales. La compañía dispone de 50.000 datáfonos en el territorio nacional, entre fijos e inalámbricos. Muchos de ellos son fabricados por la multinacional francesa Sagem Monetel, especializada en telecomunicaciones y sistemas de seguridad. “Un datáfono de Sagem es prácticamente inviolable, porque si es intervenido con fines criminales, se desconfigura”.

De la Rosa, quien ha dedicado la mayor parte de su vida profesional al sector financiero, dice que la salida ya está a la mano y que su empresa dispone de la nueva tecnología. Pero falta que los bancos adopten el sistema y emitan las tarjetas. Un obstáculo por remontar es el costo, pues una tarjeta con banda magnética tiene un precio de US$0,30, mientras que la de chip o microprocesador vale algo más de US$1.

Con datáfono en mano (para ilustrar sus argumentos), De la Rosa se sentó en nuestro punto de encuentro acordado. En este caso fue el restaurante Leo Cocina y Cava, dirigido por su coterránea caribeña Leonor Espinosa.

¿Por qué la tarjeta con microprocesador es más segura? Con el dedo en la parte inferior del dispositivo, De la Rosa explica que por esa ranura se introduce la tarjeta y se deja allí –o sea, no se desliza– hasta terminar la transacción.

“Desde 1992, cuando se introdujo el chip en Francia, nadie ha podido violentar el sistema. No hay forma de leerlo por otros medios, como ocurre con la banda magnética, cuya información puede extraerse de la tarjeta mediante elementos que se venden en cualquier centro de tecnología”.

¿Y por qué, si existe desde hace 18 años, apenas estamos hablando de incorporarlas en Colombia sólo hasta el 2010? Porque, hasta hace cuatro años, había distintas plataformas. Hoy se han unificado alrededor del sistema EMV, producto de la alianza entre los principales protagonistas del sector: Eurocard (adquirida por Máster Card), Máster Card y Visa. En Colombia están en marcha programas piloto en los que participan el banco AV Villas y la firma Macrofinanciera. Ambas ofrecen a sus clientes tarjetas con microprocesadores. Otras dos entidades con planes próximos son Davivienda y Bancolombia.

La tarjeta provista de chip podrá contener, además del sistema de identificación de cuentas, toda la información del usuario, como su grupo sanguíneo, el código de la licencia de conducir, el historial médico y odontológico, y los dígitos de acceso a la seguridad social. “La gente tendrá que usar distintas claves, pero todo estará guardado en un medio altamente portátil”.

Mientras tanto, la recomendación de De la Rosa es no despegar el ojo de la tarjeta mientras se realiza con ella alguna operación. También es recomendable cambiar la clave y actuar con prudencia en los cajeros electrónicos. Hasta no tener un medio más seguro, el riesgo se mantendrá.

Hugo Sabogal

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Tomado de ELESPECTADOR.COM

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